Soledad (relato)

Soledad llevaba toda la vida en compañía de personas. Tenía una familia numerosa, un gran número de amistades e incluso siempre había tenido mascotas. Se sentía satisfecha.

Su miedo a la soledad era tal que no se sentía capacitada de estar sin una compañía constante. Entendía que su vida giraba en torno a los suyos y que sin ellos no se valdría por sí misma.

Encadenaba una relación con otra sin importarle lo que albergara su corazón, o inclusive hacía planes para no tener esa ansiedad que le generaba estar sola.

El día de Navidad había llegado; aquel día sería estupendo. Un gran número de personas estaban invitadas a su hogar, el que compartía con su pareja desde hacía años. Despertó agitada al sentir un fuerte estruendo. Al despertar no encontró a su marido estirado a su lado, así que se levantó con rapidez y buscó por toda la casa. Incluso sus tres gatas y el conejo que tenía no estaban.

Comenzó a hiperventilar. Ansiedad que se intensificó cuando miró a través de la ventana. No escuchó nada, ni había absolutamente nadie. El silencio reinaba la calle.

Cuando tomó valor, salió hacia el rellano. Gritó con la esperanza de que algún vecino la auxiliara. Su ansiedad se incrementó hasta el punto de que se llevó la mano al pecho, creyendo que tendría un ataque al corazón. El ataque de pánico hizo que quedara completamente paralizada. Así permaneció durante todo el día. Cuando se fue recuperando se dio cuenta de que, en efecto, no había nadie.

Pasaron horas, días, semanas.

Aquella situación la estaba torturando. Pasó por diferentes estados emocionales realmente muy complicados. El tiempo parecía haberse detenido.

Al cabo de dos meses comenzó a levantar cabeza. No fue hasta ese momento que no salió de su casa a respirar aire puro. Había estado sobreviviendo gracias a las latas de conservas que tenía acumuladas.

Al estar sola, ella era la única que decidía a dónde y cuándo ir. Fue adquiriendo de forma paulatina algo de autonomía y poder de decisión. Más bien las circunstancias le obligaron a ello.

Recorrió por las calles e incluso descubrió lugares que no sabía ni que existían. Cada día al atardecer, cuando regresaba a su hogar tras una larga jornada de recorrido por los alrededores de su ciudad, los dedicaba a leer y releer todos los libros que tenía en su hogar. Incluso aprendió a coser. ¡No tenía nada más que hacer!

Su ansiedad fue bajando hasta el punto de que empezó a disfrutar de su soledad. Aquella nueva sensación no le agradó al principio. ¿Significaba eso que había olvidado a sus seres queridos? ¿A caso ya no los quería? Le invadió culpa. Y con aquel sentimiento quedó profundamente dormida.

Al despertar el escenario había cambiado por completo. Es decir, todo volvió a ser como lo era antes. Su esposo estaba a su lado y una de sus gatas ronroneaba al otro lado. El estado de pánico regresó, pero por no comprender lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando se dio cuenta de que toda su experiencia no había sido real, pues su familia le hablaba como si nada, como una mañana más. Pero ella era otra persona.

Para la sorpresa de todos, salió a dar un paseo por los alrededores de la ciudad, lugares a los que había estado yendo en los últimos meses y que había descubierto. Allá meditó sobre lo que podría haberle ocurrido. Se sentó sobre un árbol. Se adormeció. En aquel sueño una voz le explicó el cometido de su experiencia onírica.
 
De regreso a su hogar ya estaba todo listo para la cena de Navidad.

Su familia la miró extrañada por el hecho de que no estuviera allí y más aún que hubiera ido sola a saber adónde.

Soledad miró el listado de las personas que iban a acudir a la cena. Llamó a más de la mitad y les canceló. Su marido se sorprendió, pues no era propio de ella, quién siempre deseaba tener a muchas personas cerca. Su lema siempre había sido: A más personas, mejor acompañados.

Ya en la noche llegaron los amigos más íntimos y los familiares con los que tenía una relación verdadera. Todos se miraron extrañados al ver que eran tan solo ocho personas cuando el listado inicial era de veintitrés. ¿Le habrían anulado todos en último momento? Pero la sorpresa vino cuando antes de empezar con la cena, Soledad les dijo a todos ellos:
 
«Os doy las gracias por estar aquí y formar parte de mi vida. Ahora sé lo que implica la compañía. No es estar rodeada de muchas personas, sino estarlo de aquellos que te hacen feliz en esta vida. Los que estáis aquí no es porque me sienta sola. Ya no me siento sola, ya que he aprendido a valoraros realmente, porque no os quiero desde la necesidad, sino que soy yo quien elige estar aquí porque os quiero a cada uno de vosotros»
 
MORALEJA: La soledad no está relacionada con el número de personas que te rodean, sino con uno mismo. Aprende a estar en soledad y sabrás estar en compañía. ¡Menos es más!

©️ Angels Bemar, 2022

– Soledad

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